
Cada vez son más apreciados los maquillajes “nude” o cara lavada, que persiguen una piel luminosa e hidratada y sin manchas, pero sin notarse que una va más maquillada que una mona (válgame la expresión).
Si nuestra piel es pálida, debemos optar por los tonos melocotón y rosados. Podríamos utilizar una crema satinada de marcas especializadas que hidratan la piel al tiempo que disimulan las imperfecciones. Una de ellas en concreto se ufana de eliminar el 100% de los poros de la piel a la vez que el rostro queda suave y terso.
Si nuestra piel es más oscura, deberíamos usar cremas y beiges pálidos. Estos tonos realzarán nuestros encantos naturales. Por ejemplo, podríamos utilizar un producto que tiene minerales de origen natural, extraídos y seleccionados de la tierra por su pureza. Estas partículas ultra-finas funden con la piel, la unifican y la dejan respirar. Lo bueno es que no tiene ni talco, ni aceite, ni conservantes, ni fragancia. Todo un éxito, ¿no es cierto? Para su correcta aplicación se deben hacer movimientos circulares con la brocha adecuada.
Tenemos que imaginar que el rostro es como un lienzo, y cada una de nosotras somos las artistas que le van hacer cobrar vida. Lo importante es que el maquillaje sea adecuado para que al mismo tiempo que nos hace más guapas, cuide nuestra piel y nos proteja. Los expertos se decantan, como ya hemos comentado, por el maquillaje mineral en polvo, que da un aspecto más natural a la piel y la agrede menos.
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